domingo, 21 de junio de 2009

A los ricos los cuida el gobierno, a los pobres… el usurero.

Por: Juan Gabriel Sáenz*

juangabriel1981arrobagmail.com


Debo reconocer que escribir sobre un tema tantas veces discutido como es la diferencia entre ricos y pobres y la conveniencia de estar de un lado o del otro no resulta nada fácil, pues en realidad se deben tener en cuenta muchos aspectos más allá de los económicos. Para el caso de este artículo analizaré uno de los fenómenos económicos más comunes de las últimas décadas, el cual ha afectado a varias generaciones de colombianos, fenómeno que parece recrudecerse en la última década: el acceso a los créditos bancarios.

Si bien es cierto que el ingreso económico es uno de los factores que favorecen el desarrollo humano, y en esta línea los bancos y las corporaciones económicas de los países cumplen un papel fundamental en la consolidación del progreso económico de la sociedad, debemos ser consientes que en Colombia son muy pocos los ciudadanos que pueden realmente contar con el apoyo de una entidad financiera para tratar de aliviar o favorecer su situación económica. Y aunque cada vez más colombianos tienen la oportunidad de abrir una cuenta bancaria, en lo que respecta a un crédito económico quienes hacen parte de la llamada clase popular (la inmensa mayoría) no tienen acceso a este tipo de servicios, por lo tanto, no les queda más opción que acudir al sector "crediticio" informal.

Al estudiar las tasas de interés de las entidades financieras puedo rápidamente concluir que si, que es mejor ser rico que pobre. Al comprobar que los bancos ofrecen créditos con tasas de interés que fluctúan entre el 1.6 y el 2.5 % dependiendo del banco y del tipo de crédito solicitado no me queda otra opción que concluir que definitivamente es mejor tener los ingresos suficientes para pagar esos intereses, pero, al enterarme que en Colombia se pueden encontrar créditos que pueden tener desde el 5 al 30% de interés mensual no puedo menos que convencerme que es mejor ser rico que pobre, pues son precisamente los pobres quienes pagan los intereses del 5 al 30% en los llamados créditos informales, los únicos a los que pueden acceder.

Pero, ¿acaso tiene fundamento lógico el hecho de que sean precisamente las clases menos favorecidas las que no solo deban pagar los impuestos más altos en relación con su ingreso económico sino que también deban pagar las tasas de interés consideradas de usura solo porque el sistema financiero no cubre a toda la ciudadanía? Y, ¿Por qué los pobres de este país prefieren optar por créditos informales que antes de aliviar o favorecer su situación económica terminan por desmejorarla? La respuesta a la primera pregunta es también respuesta para la segunda. Los bancos e instituciones financieras de este país están en la obligación de proteger y favorecer sus riquezas y las de sus clientes, por lo tanto deben proceder con cautela a la hora de conceder un crédito económico, pues cada crédito otorgado siempre conlleva el riesgo de no pago por parte del deudor. Y este riesgo aumenta exponencialmente cuando el cliente que solicita el préstamo pertenece a la clase social menos favorecida, cuando éste no hace parte del sistema laboral formal y no puede demostrar el patrimonio suficiente para respaldar la deuda, aún cuando este cliente “riesgoso” demuestre una fuente como un negocio o una microempresa. ¿Será que esta negativa de los bancos a ofrecer créditos a las microempresas contribuye con su desaparición? ¿Será que es mejor ser rico para así garantizar al menos mayor tiempo se supervivencia de una iniciativa empresarial?

Por este motivo siempre ha sido más fácil y efectivo para ese ciudadano de clase media o baja solicitar la ayuda de ese generoso “prendista” de la casa de empeño, o del prestamista que cobra el 5% de interés, o, de ese filántropo criollo que ha hecho su aparición en la última década ofreciendo prestamos casi inmediatos a una cómoda taza de interés del 20 o 30%, el llamado “gota a gota”. Y es que sí, siempre será infinitamente más fácil aceptar una negociación verbal y firmar una letra de cambio con un interés de usura y la vida como prenda que reunir toda la documentación exigida por los bancos junto con un codeudor y el consiguiente estudio del crédito, ya que la inversión que realiza el rico con el préstamo puede esperar algunos días, pero las necesidades básicas del pobre no. Con esta segunda idea me sigo convenciendo que es mejor ser rico que pobre, pues es mejor hacer uso de mi patrimonio y mi excelente historial crediticio para adquirir un préstamo de un banco a unas tazas de interés socialmente razonables que acudir al prestamista informal con intereses 15 veces mayores y con la desventaja de que en caso de no cubrir la obligación no será precisamente por medio de la justicia civil que el prestamista cobre su deuda.

El Gobierno colombiano ha penalizado legalmente la práctica de la usura, pero ¿Será esto suficiente para aliviar la precaria situación económica de millones de personas que no pueden solicitar un préstamo en un banco? ¿No debería el estado dirigir sus esfuerzos a que las clases sociales que viven en estado de vulnerabilidad puedan acceder al sistema económico formal?
Según cifras de Asobancaria (1), solo un poco más de 670000 colombianos tuvo acceso a un microcrédito al mes de junio de 2008, lo que indica que solo el 2.37 % de la población mayor de edad tuvo acceso a un crédito bancario, y, si evaluamos los montos de los créditos o la distribución relativa al género el panorama puede resultar más desalentador.

De acuerdo a los principios del desarrollo humano no es socialmente justo que las clases menos favorecidas deban acudir a estas practicas para poder subsistir, poniendo en riesgo su ya precaria situación económica así como su integridad moral y física, y el gobierno solo se haya preocupado por calificar de ladrones y usureros (con justa razón) a los prestamistas informales pero no ataque el verdadero foco de la problemática económica, la cual sigue siendo la falta de una política pública efectiva y sostenible que permita el acceso de todas las personas al sector formal de la economía. ¿Cuál es la posición del estado colombiano, y cual ha sido la posición de los gobiernos de turno y el actual frente a la crítica situación económica que viven millones de personas en el país y que no les deja mas opción que acudir a soluciones que a incluso a corto plazo terminan siendo peores que el mismo problema?


Yo opino que en este tiempo, en el cual se vive una crisis económica mundial y que en Latinoamérica apenas se está manifestando, el gobierno debería mostrar especial atención al desarrollo de programas de inserción al sector laboral y económico formal, pues una crisis económica no afecta a todos los sectores de la población por igual, pues mientras los ricos dejan de adquirir bienes o inversiones, los pobres dejan de alimentarse o estudiar. Así las cosas, al menos desde el punto de vista de lo económico, resulta mejor ser rico que pobre, al menos en Colombia.

  1. www.asobancaria.com/upload/docs/docPub4787_2.ppt


*Este post se basó en el reportaje realizado por el periodista Guillermo “Pirry” Larrota titulado: Colombia, un país sin banco para los pobres.

1 comentario:

  1. Hola Juan Gabriel, chévere que inicies estos espacios de reflexión. Continua retroalimentadolo permanentemente...
    Seguimos en contacto,
    Mauricio Hernández

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